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Impacto económico y social de COVID19 en Colombia para no economistas

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Impacto economico y social del Covid19

Es bastante pretencioso el título de esta breve revisión, y más pretencioso aún si quien lo
escribe es un médico con formación administrativa y económica y no un economista. Aunque
pienso que esto último favorece que este tema de alta complejidad técnica pueda llegar a
una audiencia no experta en economía.

Para cualquiera de nosotros es claro y obvio que esta inoportuna pandemia tiene y tendrá
un potente impacto negativo en el desarrollo económico de países como el nuestro. Este
efecto que es multidimensional ha sido confrontado con estrategias que se basan en
planeación de escenarios, sin soporte en evidencia alguna. Estamos como los exploradores
del pasado, sin brújula y sin GPS.

Para simplificar este análisis lo he dividido en los siguientes cuatro aspectos:

  1. ¿En qué consiste la crisis actual en Colombia?
  2. ¿Cuáles son los escenarios posibles y las políticas para afrontarlos?
  3. ¿Cuáles son los impactos económicos y sociales más importantes para Colombia?
  4. ¿Cuáles son las oportunidades para la Colombia post Covid-19?

Empecemos entonces.

1. ¿En qué consiste la crisis actual en Colombia?

Es claro que la situación actual obedece a una emergencia de salud publica global, una crisis
humanitaria. Más allá de teorías conspirativas sobre el verdadero origen del virus SARS-CoV2
en China y a partir de ahí al mundo. A este respecto las sociedades científicas mundiales han
descartado que este virus haya sido producto de una manipulación de laboratorio y, por
tanto, debemos creer que su nacimiento obedece a la deriva antigénica propia de este tipo
de zoonosis. Para reducir el debate el virus ya está aquí, y por el momento aquí seguirá.

Colombia es un país situado en la franja de ingresos bajos a medios en el panorama
económico mundial. Nuestro producto interno bruto (PIB) per cápita,es decir el valor
monetario total de lo que se ha producido en Colombia durante un año, dividido entre la
población colombiana para el año 2019 fue de casi 5800 euros. Es decir, si distribuyéramos
el dinero que produjo Colombia en el año 2019 entre sus habitantes nos correspondería a
cada uno un poco más de 21 millones de pesos (que obviamente no nos van a dar). Pues
bien, en los últimos años este PIB ha crecido en valores de 3 a 3,5% anual, lo cual es bueno
comparándonos con países similares. Pero esto claramente no ocurrirá así para el año 2020.

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En síntesis, enfrentamos una emergencia de salud pública en un país con una economía en
desarrollo, pero frágil y sin capacidad económica para afrontarla.

Muchos ven este escenario como la dicotomía entre salud y economía, entre salud y
bienestar poblacional, entre médicos y economistas o como alguna vez escribí entre
Hipócrates y Porter. Pues bien, no lo es.

Sin duda la vida de las personas es el bien fundamental de la sociedad, luego ella no entra en
ninguna matriz de priorización, sin embargo, las medidas que se deben tomar para
protegerla en escenarios como este pueden generar un grande y grave impacto sobre las
cadenas de producción, la oferta, la demanda y obviamente sobre los stakeholders o actores
del mercado global. Es importante por tanto definir como serán los esquemas de contención
social ya que hoy (sin tratamiento estándar efectivo ni vacuna) esta es la única estrategia de
contención y mitigación de la pandemia.

La dicotomía tampoco está entre salvar personas o empresas, como algunos políticos
irresponsables han expresado. Si bien el colombiano tiende a ver al empresariado como un
grupo de privilegiados aprovechados, es ese tejido empresarial el mayor responsable del
desarrollo económico nacional. En este escenario debe protegerse tanto a unos como a
otros.

Otros tantos se esperanzan en el “aplanamiento de una curva”. Lo que llamamos curva es
una tendencia estadística que, en Colombia refleja un estado de casos del pasado. Claro, esta
tendencia sirve para que los matemáticos y/o epidemiólogos puedan proyectar posibles
escenarios, pero el cambio en la tendencia no necesariamente es un indicador de victoria.

Entonces, la crisis actual en Colombia no es una dicotomía entre salud y economía y mucho
menos una lucha por alcanzar una tendencia estadística.

Con esto en mente pasemos a hablar de los posibles escenarios futuros y sus estrategias.

2. ¿Cuáles son los escenarios posibles y sus estrategias?

El mundo no estaba preparado para una pandemia, por tanto, no existen soluciones
estándar. Hay modelos a partir de los cuales hemos aprendido el como podría afrontarse la
crisis. Dentro de estos modelos tenemos:

  • El modelo chino consistente en un confinamiento social masivo rápido y posterior
    adaptación de capacidades de respuesta.
  • El modelo coreano basado en investigación estricta de los clústers de contagio y
    escalonamiento rápido de capacidades del sistema de salud mediante la realización masiva
    de pruebas de diagnóstico y seguimiento inteligente.
  • El modelo británico y americano consistente en dos fases, inicialmente una mínima
    contención social apostándole a la inmunidad de rebaño y posterior adopción urgente del
    modelo chino.

Nuestro modelo se parece más al chino ya que nos concentramos en la contención social
obligatoria y hemos realizado una rápida y pienso que adecuada adaptación (excepto por el
número de pruebas realizadas) de capacidades del sistema de salud.

El gobierno decidió ampliar la contención social o la llamada “cuarentena” hasta el 27 de
abril, sin duda una medida necesaria, pero la economía del país no podrá resistir un
aislamiento mayor. ¿Qué pasará después del 27 de abril?, Considero que pasaremos a una
estrategia que algunos denominan inteligente. Yo prefiero llamarla fragmentada,
intermitente o en acordeón ya que se caracteriza por contención y liberación en forma
escalonada y dependiente de la dinámica de la enfermedad.

Desconocemos la eficacia de la estrategia en acordeón ya que hasta el momento ningún país
la está ejecutando. Será China el país a observar ya que a hoy es el único que podría entrar
en ella. Esta estrategia lo que intenta es lograr un equilibrio entre el impacto en salud pública
y el impacto económico.

Por lo anterior, es importante tener paciencia con quienes toman decisiones en nuestro país
ya que se están generando políticas sin evidencia alguna y sobre escenarios hipotéticos con
unas dinámicas muy rápidas.

La estrategia en acordeón debería ejecutarse identificando los siguientes segmentos:

a. Las características epidemiológicas de la población afectada, aumentando la capacidad
masiva de pruebas para conocer la tendencia real, el índice reproductivo básico R0 y planear
su impacto en salud de acuerdo a las adaptaciones del sistema de salud ya ejecutadas.

b. La territorialización de la pandemia. En Colombia hay hoy 1000 municipios sin reporte de
casos y las áreas rurales tienen menos probabilidad de la enfermedad. Debe evaluarse si esta
tendencia continúa y replantear si el confinamiento social puede liberarse en dichas zonas o
no.

c. La segmentación de los sectores económicos, Alemania por ejemplo ya esta abriendo
nuevos sectores para reactivar la economía como el sector de la construcción. En nuestro
país podría pensarse en “reiniciar” algunos sectores críticos adicionales a los de servicios y
salud que tenemos hoy.

La prioridad de cualquier estrategia debe continuar siendo el fortalecimiento de la salud
publica teniendo como principio vital el proteger a los equipos sanitarios y optimizar el
desarrollo de pruebas masivas rápidamente, esto tendrá un impacto también en la posterior
reapertura de la economía.

3. ¿Cuáles son los impactos económicos y sociales más importantes para Colombia?

Respecto al tema económico y social, es imperativo que el gobierno mantenga unos mínimos
vitales para la población y a la vez tome medidas destinadas a aliviar el impacto a los
diferentes sectores de la producción.

Es importante también tener un plan de reactivación económica ante este choque de la
oferta que es un efecto similar al de una postguerra.

Primero debemos tener en cuenta los siguientes panoramas coincidentes con Covid-19:

Hay una “guerra de petróleo” entre Rusia y Arabia Saudita, la cual no detallaré, pero que
ha llevado a unos precios mínimos históricos del crudo. La economía colombiana proyectada
para 2020, se trazó con un precio del crudo de 50 USD, hoy debido a la sobreoferta de
petróleo no solamente tenemos un petróleo mas barato sino más difícil de vender, pero
además con unos mayores precios de lifting. Es decir: el precio es menor, casi no se vende y
cuesta mas sacarlo a dicha venta. El precio real del barril colombiano puede estar por debajo
de 20 USD hoy. Calculemos el impacto de esto.

La rebaja en la calificación crediticia de algunas firmas calificadoras para Colombia. Esto nos
sitúa como un país de riesgo para inversión. Se calcula en casi 90.000 millones de dólares el
capital de inversión que las empresas americanas han retirado de los países latinos.

Lo anterior dificulta aún más el tener un flujo de ingresos que permita afrontar la pandemia.

El gobierno colombiano en forma responsable ha asegurado en primera instancia un flujo de
dinero equivalente a 14,8 billones de pesos para mitigar la primera fase de la pandemia. Este
es un periodo de alta incertidumbre y por tanto las estrategias han sido inicialmente tomar
recursos de fondos de estabilización como el FAE que era lo más rápido. El siguiente paso
han sido los créditos con organismos multilaterales como el banco mundial (250 millones de
dólares). Una vez agotados estos mecanismos debería pasarse a otros extraordinarios como
el préstamo del banco de la republica, pero sin duda seria en una fase posterior. Algunos ya
hablan de liberar la regla fiscal colombiana para permitir mayor endeudamiento.

Sin embargo, estas medidas, aunque necesarias,serán insuficientes por varios motivos, entre
ellos:

  • La clase media vulnerable corresponde a 40% de la población colombiana (8 millones de hogares). La pobreza multidimensional en Colombia es de 19,6% y esta crisis para estos grupos es de un impacto mayor. Un 67% de los colombianos están en la franja de vulnerabilidad de la pobreza, con un riesgo alto de caer en ella. Los programas de asistencia social como Familias en Acción son necesarios y cruciales, pero en realidad son 10 millones de hogares en necesidad y estos programas pueden llegar solo a 7 millones lo cual genera una gran brecha de cobertura.
  • El plan de reactivación económica se calcula en 50 a 60 billones de pesos (3 a 6% del PIB) para un estimado de 3 meses. USA y Europa han proyectado que su plan de reactivación económica podría estar en el orden de 22% del PIB. Esta cifra dependerá del impacto medido en los primeros 3 meses de pandemia y aún no lo sabemos.
  • Las cifras de crecimiento económico calculadas por Fedesarrollo, quienes habían proyectado un crecimiento del PIB para 2020 en 3,5%, hoy son de 2,5% en un escenario optimista y de 0,4% en uno pesimista. Otros aún más pesimistas plantean un decrecimiento de -3.9%. Pero además se habla de una tasa de desempleo proyectada en 19,5% e inclusive mayor.

La protección del empleo es esencial. Colombia tiene 22 millones de empleos formales que
es en donde deben enfocarse las medidas para evitar el despido masivo. Esto debe lograrse
mediante el apoyo al tejido empresarial y a las cadenas productivas. La caja de las empresas
tiene una duración de 1,8 meses en promedio. Si no se sostiene de alguna forma a las
empresas se va a generar una oleada de despidos. En Colombia el empleo formal lo produce
solo el 1,2% de las empresas (19.000 empresas) y estas son las que aseguran la cadena de
producción hacia abajo. Esto incluye no solo a las PYMEs. Se les esta dando liquidez a través
de la banca, pero esto claramente colapsará ya que conlleva un alto riesgo para el sector
bancario.

Según la ANDI, el 70% de las empresas están en riesgo de quiebra. Ya hay algunas empresas
de diversos sectores económicos que están acogiéndose a la ley de quiebra. Muchas de ellas
tienen sus mercados en europa y asia y por tanto están en graves problemas. La ley de
insolvencia en Colombia (ley 1116) esta siendo revalorada por el gobierno para implementar
preacuerdos de insolvencia en los cuales el deudor llega a un acuerdo privado de
reorganización con sus acreedores para minimizar el impacto.

Debe existir un balance entre obligar a las empresas a mantener sus nóminas, así como sus
obligaciones de pagos, pero si esto no se flexibiliza podrían generarse mayores quiebras y
obviamente una oleada de despidos. Se habla de alivios empresariales como la congelación
de la deuda, la reducción de salarios, el no pago de parafiscales y de cajas de compensación
etc., pero estas medidas también tienen un gran impacto sobre otros actores de la economía.

Ni hablar del efecto en otros sectores que no trataré como el educativo y el de salud, este
último es mi sector, pero requiere un análisis independiente dada su alta complejidad. Según
McKinsey y Co los sectores productivos de mayor impacto negativo por la pandemia son:
Petróleo y gas, industria aeronáutica, turismo, aseguradores (de vida y salud) y otros servicios
financieros. La mayoría de estos sectores regresarán a cifras pre Covid-19 hacia el primer
semestre del año 2021.

Por todo lo anterior se hace imprescindible la reapertura de la economía, pero esta debe ser
gradual, identificando primero como se van a abrir algunos sectores a través de protocolos
de protección para los trabajadores. Hoy hay un protocolo generalizado para todos los
sectores, pero deben generarse lineamientos específicos para abrir progresivamente los
sectores que puedan abrirse como la construcción, la confección y algunos servicios.

El país tiene limitaciones, pero también oportunidades en miras a la reactivación económica.
Hoy las medidas son inmediatas y casi intuitivas, pero estas deben ser muy pensadas para
que no tengan un mayor impacto futuro.

Un último factor crítico es la seguridad. A este respecto, las autoridades deben estar
coordinadas y tener datos y roles muy claros, concertados con los mandatarios locales. Hay
personas que tratan de tomar ventajas políticas de la situación, algunos de estos sectores
inclusive desearían ver una gran crisis social que favorezca su postura de oposición irracional.
Colombia es un país de tradición violenta, cuyos indicadores en esta materia venían
mejorando, pero si no hay respuesta efectiva con las estrategias de apoyo social se pueden
generar hechos de violencia masiva favorecidos por el desespero y el aprovechamiento de la
coyuntura por algunos inescrupulosos con poder mediático.

La tasa de desempleo se relaciona con la tasa de violencia por lo cual es de altísima sensibilidad este tema. El peligroso coctel de alto desempleo, narcotráfico, minería ilegal, el fenómeno venezolano etc,
combinados con la situación actual podrían generar dinámicas sociales violentas y un colapso
social.

4. ¿Cuáles son las oportunidades de esta crisis?

Toda crisis, inclusive las macondianas como esta traen oportunidades. Una de ellas es la
transformación empresarial, la migración de las empresas a otros sectores es necesaria, por
ejemplo, las empresas de confección deberían incursionar en la producción de elementos
médicos y quirúrgicos no solamente para el país sino para las naciones vecinas. Ya algunas
empresas como Indumil han empezado a elaborar camas hospitalarias aportando a la
ampliación de las capacidades del sector salud.

Otra oportunidad para la cual Covid-19 ha sido el mayor catalizador es la transformación
digital empresarial. En salud por ejemplo ha habido una migración masiva a telemedicina y
asistencia remota, en ello no me detendré. Esto obviamente requiere definiciones claras
sobre como formalizar el ambiente laboral online y replantear la estrategia de productividad
del futuro post covid-19.

Los lideres del mundo post Covid-19 deben pensar y actuar en 5 horizontes R, adaptados de
McKinsey y Co:

Resolver los retos de salud publica que el virus genera con la menor disrupción posible a las
cadenas de producción básicas

Resiliencia consiste en manejar los retos que trae el impacto económico, dentro de ellos esta
la adaptación y el sostenimiento del nuevo ambiente laboral online y remoto.

Retornar es decir crear un plan detallado para regresar a los negocios.

Reinventarse es decir pensar en la nueva normalidad y las nuevas dinámicas económicas
apalancadas por la transformación digital vertiginosa derivada de este escenario.

Reformar es decir tener claro como este escenario transformará el entorno regulatorio y el
ambiente competitivo de la industria en el futuro inmediato.

Colombia es un país de crisis endémica. Nuestras dinámicas sociales giran en torno a la
incertidumbre y a la turbulencia sociopolítica. No es esta la primera ni la última ocasión en
que tendremos un panorama adverso del cual tendremos que salir. Por supuesto que habrá
un fuerte impacto en nuestra realidad económica, pero saldremos vivos de esta y de las
demás.

Nuestro principal capital hoy son la solidaridad y la resiliencia, además de un sector
salud que -a pesar de sus detractores- se ha fortalecido a través de los años y que es un activo
nacional. Es necesario como colombianos ver la realidad o lo mas cercano a ella, pero
también ser optimistas en medio del caos, tener inteligencia colaborativa y además poner en
funcionamiento esa innovación frugal que otros llaman “malicia indígena” en esta
oportunidad única para evaluar nuestra madurez como nación.

Opinión

Recuperar el equilibrio en la nueva normalidad

En varios escenarios técnicos y académicos, hoy se discute intensamente sobre las condiciones de eso que los teóricos denominan la nueva normalidad.

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Recuperar el equilibrio en la nueva normalidad

Por: Juan Carlos Giraldo,  Director General de la ACHC

En varios escenarios técnicos y académicos, hoy se discute intensamente sobre las condiciones de eso que los teóricos denominan la nueva normalidad. Al respecto, desde el gremio venimos proponiendo que esa nueva normalidad efectivamente sea una nueva y mejor realidad y no sea simplemente otra versión de la vieja anormalidad, lo que es usual en el sistema de salud. En este editorial queremos resaltar algunos aspectos que son ilustrativos de la dirección que vamos tomando como país y como sector.

Los medios de comunicación y los funcionarios señalan que “el sector salud es el motor y facilitador de la nueva normalidad”. Sin embargo, llama la atención que ese nuevo estatus parece dominado por una sola enfermedad (COVID-19) y que la restante y abrumadora carga de enfermedad rutinaria va a desaparecer o se ha minimizado. Ese pensamiento va en contravía de una necesidad sentida que expresamos desde los hospitales: la reanudación o reapertura de servicios de salud. El mensaje que se da desde la ACHC al Gobierno nacional es que tiene que avanzar simultáneamente en la contención de la pandemia, pero debe procurar las políticas de reinicio seguro, gradual y sostenido para, de manera adecuada, enfrentar las oleadas de patologías urgentes, crónicas descompensadas y mentales que van llegando. Tenemos la capacidad, pero debe haber una directriz clara y un compromiso con la reapertura. No hacerlo implicará perpetuar un círculo vicioso de represa-congestión-cierres periódicos.

Relacionado con lo anterior está el asunto de la disponibilidad, muy evidente cuando de las UCI se habla, pero que aplica a todo el circuito asistencial y de prestación de servicios. En esta pandemia se estrenaron mecanismos para garantizar una ampliación de oferta y el mantenimiento de ella. Pues bien, esas nuevas formas tienen que ser sostenidas en el tiempo de modo que se garantice la efectiva existencia y funcionalidad de las facilidades dispuestas. La disponibilidad tiene que ser financiada y, por lo tanto, los anticipos deben ser fondeados por periodos nuevos para el 2021. Se tiene que cuidar al sector prestador en general, y eso pasa por ayudar al mantenimiento de su dotación, por combatir el desabastecimiento de medicamentos e insumos vitales y también por garantizar la existencia y el pago efectivo de los elementos de protección personal.

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A lo anterior se tiene que sumar que los prestadores individuales y el talento humano en salud deberían ser objeto de nuevas políticas de bienestar, de nuevos reconocimientos y también de nuevas o estables primas de servicio, financiadas desde el presupuesto de la emergencia. ¿Por qué tanto interés en la disponibilidad? Por una razón básica: la apertura general de la economía y la sociedad encuentra su soporte o su tranquilidad en la real existencia de una oferta sanitaria que pueda enfrentar los nuevos picos.

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Respecto a las reincorporaciones de más sectores a la nueva normalidad, debe reiterarse que el sector salud es clave para dar las pautas para esos avances. Permitir que los trabajadores vuelvan a sus empleos y que los estudiantes retornen a las aulas pasa por unos previos conceptos sanitarios. El más evidente es el de la detección de casos y contactos de esos casos con la aplicación de pruebas procesadas en importante porcentaje por nuestros laboratorios y nuestro talento humano. Luego está el trabajo de inteligencia epidemiológica que permite entender los focos, sectorizar las acciones y hacer seguimiento en la comunidad con verificación de entornos.

Todo eso para dar la tranquilidad a los trabajadores y estudiantes que van, pero que también vuelven a sus hogares. Ya se habló de la disponibilidad y lo que significa, pero vale la pena sugerir a los competentes (Administradores de Riesgos Laborales, Ministerios de Trabajo, Salud y Educación, entre otros) que los sectores que se van abriendo deberían brindarle a sus trabajadores o comunidades un nuevo examen de ingreso que contemple no solo lo obvio respecto a COVID-19, sino que también explore el estado general de salud, la presencia de patologías crónicas o trazadoras, y muy especialmente que se detenga y examine el estado de salud mental de todos. Tiene lógica la propuesta cuando muchas personas están efectuando duelos, o sufren estrés postraumático o están afectados por Burnout, por ansiedad o presentan síntomas de depresión. La salud mental debe ser prioridad en esa nueva normalidad.

De otra parte, vale la pena recordar que nuestro gremio viene hablando sobre la necesidad de cambiar los métodos asistenciales y por eso anticipamos la llegada y la validez de atenciones ambulatorias, domiciliarias y de la telemedicina, como complementos —que no sustitutos— de la tradicional asistencia presencial, institucional e intrahospitalaria. Pues bien, la pandemia aceleró esa transición y hoy se ve crecer el segmento de la telemedicina. Sin embargo, de manera precoz se va notando que es necesario delimitar esta manera de operar el sistema y entender cuáles son los alcances y las limitaciones. En los alcances se debe definir para qué sirve y para qué no es funcional.

De aquí se colige que no todo puede ser atendido en la virtualidad y un excederse en las atribuciones del método lo va a envilecer. De igual manera, en las limitaciones se deberían responder dos interrogantes básicos, a saber: i) ¿El paciente está satisfecho con esa modalidad de atención? Y, ii) ¿El profesional que atiende se siente cómodo con esa actuación? Estas modalidades llegaron y se quedarán, pero debemos asignarles el sitio que les corresponde. Algunos compradores de servicios, hoy alborozados, anuncian el milagro de la telemedicina y creen que es un simple ejercicio contable que cambia real por virtual y “abarata” el sistema. El gremio hospitalario cree que no es así, y desde ya alertamos e insistimos: todo debe tener equilibrio o luego vendrá la frustración y la represa de enfermedades mal tratadas.

Pero también queremos recordar que todos estos métodos y soluciones no aplican solo para lo
asistencial. La administración del sistema de salud debería verse beneficiada —como lo hemos
anunciado con lustros de anticipación— por la automatización, la inteligencia artificial, big data, blockchain, los contratos inteligentes. Si no somos capaces como sistema de disminuir o facilitar las transacciones en el sistema, continuaremos en la vieja anormalidad. Indudablemente, hacer más automático el sistema, hacer más inteligente la administración, debería ser un rédito que nos quede de esta época. Las auditorias innecesarias, los reprocesos, las glosas injustificadas, las practicas indebidas contractuales, deberían eliminarse con la implementación de las herramientas descritas.

Por último, hemos observado cómo el debate público a nivel global se va concentrando en el crucial asunto de la vacuna contra la COVID-19. Al respecto, un par de anotaciones. La primera: algunos de los que se refieren a este asunto dan a entender como si fuera la primera vez que se realizara esto en el país, pues hablan de un reto logístico aparentemente insuperable. Es más que justo recordar que desde hace décadas tenemos un Plan Ampliado de Inmunizaciones (PAI) robusto, generoso y eficaz. La llegada de la vacuna contra COVID-19 debería ser entendida como la inclusión de un nuevo elemento dentro de ese PAI. Claro que habrá nuevos requerimientos, pero creemos que la experiencia de coordinación adquirida después de tantas jornadas nacionales de vacunación dará las respuestas necesarias en este momento.

La segunda anotación tiene que ver con los mensajes que deja la detallada discusión sobre las vacunas, sus tipologías, los mecanismos internacionales de cooperación, los cambios legales domésticos, las polémicas con los fabricantes, las reacciones en los países que ya se aplican, etc. De estas discusiones va quedando la sensación que la inmunización es la respuesta única y se va olvidando que esto es uno más de los componentes de lo que debe ser una gran estrategia.

La prevención, la higiene social, el distanciamiento, el tapabocas, el lavado de manos, el diagnostico oportuno, la disponibilidad de facilidades hospitalarias, las UCI, la llegada de terapéutica especifica (antivirales nuevos) y la inmunización hacen parte de un continuum terapéutico y de intervención. Da mucho temor que este debate —omnipresente por estas fechas— haga olvidar que se requiere equilibrio entre todas las acciones. Los pilares de abordaje individual, asistencial y colectivo siguen en pie. Por lo tanto, se debe reforzar el mensaje, pero de forma completa, integral. Si bajamos la guardia y nos concentramos en la ilusión de una cura mágica, podremos perder todo lo logrado hasta ahora.

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Opinión

¿CUÁL ES EL PAPEL DE LA NEFROLOGÍA COLOMBIANA EN LA REGIÓN? ¿SE HA FORTALECIDO CON LA PANDEMIA?

El Dr. Jorge Rico presenta un artículo que detalla la participación de la nefrología colombiana en eventos internacionales y la visibilización regional

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Decidí escribir estas líneas, porque en días pasados revisé de manera minuciosa el informe que presentó el doctor Gustavo Aroca, nefrólogo, presidente saliente de nuestra Asociación Colombiana de Nefrología e hipertensión (ASOCOLNEF). Al final de esta lectura quede gratamente sorprendido, pero a la vez feliz y motivado por todos los logros y posicionamiento que ha tenido la nefrología colombiana no solamente a nivel local sino también internacional.

LA NEFROLOGÍA COLOMBIANA EN EVENTOS INTERNACIONALES EN LA REGIÓN

La nefrología colombiana ha sido importante para Latinoamérica y considero que el aporte que ha tenido ha sido muy valioso, mucho más en los últimos años, pero también es válido que este puede y debe ser mayor.

Haciendo un recordéris de los eventos académicos más importantes en los últimos años, en abril del año 2012 se llevó a cabo en la ciudad de Cartagena, el XVI Congreso Latinoamericano de Nefrología e Hipertensión 2012. En esa oportunidad estaba de presidente de la SLANH el doctor Ricardo Correa-Rotter, como presidente de ASOCOLNEF, el doctor Rafael Gómez y como miembros del comité científico, el doctor Walter Douthat (expresidente de la SLANH) y mi persona.

En abril del año 2018, Colombia también fue protagonista. Cartagena fue sede del XII Congreso Internacional de la ISHD (Sociedad Internacional de Hemodiálisis). Un evento exitoso y con una excelente asistencia. La doctora Adriana Robayo figuraba como presidenta de la ASOCOLNEF.

En el año 2019, participamos con la Sociedad Latinoamericana de Hipertensión Arterial en el XVI
Congreso Latinoamericano y V Congreso Central y del Caribe de Hipertensión Arterial. También, se han hecho eventos académicos internacionales en apoyo y asocio con la SLANH, en diferentes áreas de la nefrología.

Nefrocaribe, institución caribeña, que reúne un buen número de nefrólogos principalmente de la Costa Atlántica de Colombia, también ha liderado simposios internacionales, (en total hasta el año 2020: 11 eventos) en donde siempre han contado con expositores y asistentes de América Latina y el Caribe.

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Este año 2020, en plena época de pandemia, Colombia se destacó por los muchos eventos virtuales que se desarrollaron, muchos de ellos de talla internacional y varios –un número considerable- con el aval de la SLANH.

Para resaltar, nuestro XXII Congreso Internacional Virtual y extendido de Nefrología y Trasplante, con la asistencia de más de 1000 participantes no solo de Colombia, sino de la región. Un evento altamente
exitoso, de excelente nivel académico, con el aval de ISN y de la SLANH, siendo considerado uno de los congresos más importantes de la región realizados este año y en esta modalidad virtual.

En fin. muy seguramente se me escaparán eventos pero la idea es dejar como conclusión el importante papel de la nefrología colombiana en el ámbito regional.

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CÓMO ESTÁ REPRESENTADA LA NEFROLOGÍA COLOMBIANA EN LATINOAMÉRICA

Por otro lado, vemos como nefrólogos colombianos hacen parte de manera muy activa en varios comités académicos de la SLANH. El doctor César Restrepo, actual presidente ASOCOLNEF, en el comité de nefrología intervencionista, el doctor Camilo González, en el comité de guías clínicas y la doctora Adriana Robayo, en el comité de salud renal, entre otros.

En la junta directiva de la SLANH, en los últimos años, los doctores Rafael Gómez y Jaime Torres, ambos expresidentes de ASOCOLNEF, ocuparon el cargo de vicepresidentes de la región 3. Actualmente, tengo el honor y privilegio de ser el consejero para la región 3 de la SLANH.

Recientemente por iniciativa del comité de nefrodiabetes de la Asociación Colombiana de Nefrología, se presentó el proyecto de la creación del comité de nefrodiabetes de la Sociedad Latinoamericana de Nefrología. Este proyecto fue aprobado; es decir, este comité latinoamericano es una realidad. Tengo el privilegio de ser uno de sus coordinadores, en representación de Colombia, al lado del doctor Ricardo Correa-Rotter, nefrólogo mexicano, expresidente de la SLANH.

ASPECTOS RELEVANTES DEL INFORME DE JUNTA DIRECTIVA DE ASOCOLNEF

Quiero hacer una mención especial a la recién saliente junta directiva de ASOCOLNEF, en cabeza del doctor Gustavo Aroca, nefrólogo, profesor, académico e investigador, quienes hicieron una gran labor, sobre todo en esta época de pandemia, en donde se logró consolidar a la nefrología colombiana como un referente en Latinoamérica.

Para resaltar varios aspectos: ASOCOLNEF es una de las sociedades científicas más importantes del país, con alrededor de 340 socios y con una importante presencia en la región. Se fortaleció la gestión académica con la consolidación de los comités en diferentes tópicos de la nefrología, con proyección internacional y creación de guías, consensos, recomendaciones y una muy buena productividad académica. Además de lo anterior, se creó el centro de gestión del conocimiento.

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Vale la pena, también exaltar, la revista de la Asociación Colombiana de Nefrología e HTA. Hoy en día nuestra revista, es una de las más importantes en la región. Cuenta con la participación de muchos colegas no solo de Latinoamérica sino de otros continentes.

La Asociación Colombiana de Nefrología, con el liderazgo del doctor Jorge Coronado, tiene grupo propio de investigación para Colciencias, con varias líneas en diferentes tópicos de la nefrología. Estamos participando en proyectos y trabajos de investigación, locales y multicéntricos, varios de estos, con otros grupos de otros países de América Latina y el Caribe.

CONCLUSIÓN

Por último, como suelo terminar estas columnas, he tratado de plasmar en estas líneas de manera resumida el papel de la nefrología colombiana en la región. Estoy seguro, y lo puedo afirmar con orgullo, que nuestra especialidad es importante y valiosa a nivel nacional e internacional, especialmente dentro de Latinoamérica y por eso recalco que debemos ser protagonistas del desarrollo y no cómplices del subdesarrollo. Debemos continuar este viaje, navegando por el mar del saber y seguir afianzándonos en América Latina.

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Opinión

EL AÑO 2020… UNA VORÁGINE DE SENTIMIENTOS PARA EL TALENTO HUMANO EN SALUD DE COLOMBIA Y EL MUNDO

Este es el artículo de la Dra. Adriana Torres Vega Médica General – Abogada, presentado a nombre de SOCOMEG sobre el talento humano en salud. Hace parte de la revista Formarsalud edición diciembre 2020

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Se conoce como vorágine a un remolino de gran intensidad que se produce en grandes masas de agua, provocando una gran confusión y caos. Así ha sido el 2020 para el mundo entero, principalmente para sus protagonistas: los trabajadores de la salud, quienes han tenido que cargar bajos sus hombros el peso de una pandemia que simplemente nadie vio venir, pero que ha afectado de múltiples formas a la humanidad.

Gracias a estos acontecimientos, se ha reconocido el papel fundamental que cumplen los profesionales de la salud en la sociedad, desenmascarando la condición precaria y olvidada en la que se tiene a este grupo poblacional; ha salido a la luz como las empresas prestadoras de la salud y sus instituciones prestadoras de salud, adscritas en gran medida, explotan al recurso humano, teniendo un alto porcentaje de condiciones no adecuadas de vinculación “laboral”.

Los contratos por prestación de servicios han permeado la vinculación del recurso humano, con lo cual las entidades se desentienden de las merecidas prestaciones laborales que acarrea su vinculación, como debería ser, por un contrato legal de trabajo. Es lamentable para la SOCOMEG recibir múltiples comunicados de sus asociados en calidad de médicos en servicio social obligatorio y médicos generales en ejercicio, quejarse insistentemente de este modo de contratación, la sobrecarga laboral, la escasez de insumos para prestar el servicio de una forma ética, profesional y oportuna como lo dicta la ley.

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El talento humano en salud necesita condiciones de trabajo equitativas

Los médicos generales se ven enfrentados a un medio laboral lascivo, que exige permanentemente de ellos, al parecer sin límites, y sin una contraprestación equitativa. Es ampliamente conocido como este año, en medio del contexto de esta pandemia, muchos profesionales no han contado con los elementos de protección personal adecuados y oportunos, teniendo en casos extremos que interponer tutelas a ARL e IPS para la consecución de los mismos. Muchos respaldándose en el hecho de vincular los profesionales por OPS, razón por la cual aseveraban no estar obligados a entregar estos importantes elementos para el ejercicio médico y de todos los profesionales de la salud.

Hemos tenido que despedir, con profunda tristeza, a muchos profesionales de la salud a todo nivel: enfermeros, jefes de enfermería, médicos y especialistas; duele ver cómo han partido prematuramente, dejando un gran vacío no solo en sus familias sino también en la sociedad que, aunque en muchos casos es indiferente, reconoce la gran pérdida que significa que fallezca un profesional de esta área.

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Recientemente, la Corte Constitucional se pronunció en el caso de una tutela interpuesta por una auxiliar de enfermería, quien fue retirada de su puesto de trabajo en una empresa social del estado, y donde estaba vinculada en calidad de contratista. El documento exalta como los auxiliares de enfermería son el 70% de los trabajadores de la salud, cuya labor es invaluable y no puede ser suspendida injustificadamente ya que pone en riesgo la prestación del servicio de salud. Exalta, también, que su labor no puede ser contratada bajo esta figura toda vez que se precisa de cumplir la labor con un horario, bajo subordinación y percibiendo un salario, por lo cual se trata de un contrato de trabajo disfrazado, vulnerando derechos fundamentales protegidos por la Carta Magna.

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Pues este no es solo el caso de estos valiosos profesionales. Lo es de la misma forma el caso de los terapeutas, jefes de enfermería, médicos generales y especialistas, a quienes se les vulneran sus derechos en todo el territorio nacional, tanto en el ámbito público como en el privado.

Nos queda una pregunta en mente… maravilloso concepto el de la Corte Constitucional, pero ¿por qué medio se va a obligar a las instituciones a vincular al talento humano en salud por medio de contrato de trabajo?, ¿cuándo se va a pronunciar el Ministerio de Salud al respecto?, ¿cuándo se va a legislar en el Congreso un proyecto de ley que proteja los derechos laborales del recurso humano de la salud? o todo esto continuarán como los sueños rotos de unos niños que solo quieren salvar vidas, a costa de la suya propia y la de sus familias.

Urge darle a cada quien lo que le corresponde, como un gesto inédito de justicia. Es un derecho más que merecido conceder a los profesionales una vinculación justa, sin contar con otras garantías en el ámbito académico y social, una verdadera deuda de la sociedad colombiana que permanece con aquellos que salvan vidas.

Proponemos que, como requisito de habilitación institucional, se incluya la vinculación por contratos de trabajo al talento humano en salud como única forma; para que esto sea una realidad, se requiere que a la resolución 3100 del 25 de noviembre de 2019, del Ministerio de Salud, se le adicione este requerimiento.

Mientras tanto, cada mañana y cada noche, miles de profesionales van a dejar en sus hogares a sus hijos, parejas y a sus padres, para ir a trabajar en la institución de salud que probablemente le debe su
sueldo, donde tienen una sobrecarga laboral, en muchos casos con elementos de protección personal inadecuados, con equipos de trabajo incompletos, ya que sus colegas están aislados o incapacitados a causa de la pandemia, con la zozobra de no saber si se es el próximo en enfermar o en el peor de los casos en fallecer.

Estas líneas buscan que cada actor vinculado a la proyección y desarrollo de políticas públicas de salud en nuestro país, involucrado en garantizar el goce del derecho fundamental a la vida, la salud, la dignidad humana, se concientice de fortalecer el talento humano en salud, que es la piedra angular del sistema, y que es quien puede traducir estos esfuerzos en una mejor prestación del servicio de salud.

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