En la última década, la hepatitis C ha tomado un protagonismo significativo en el escenario de salud pública en Argentina. Esta infección viral, que afecta principalmente al hígado, ha mostrado un aumento en los casos reportados en el país, especialmente en los últimos tres años. Aunque este incremento podría parecer alarmante a primera vista, los expertos coinciden en que no se debe a una mayor incidencia de la enfermedad, sino a un mejor diagnóstico y a la mayor disponibilidad de tratamientos efectivos.
Repunte desde la pandemia
Según datos recientes del Ministerio de Salud de la Nación, el número de casos confirmados de hepatitis c ha mostrado un notable incremento entre 2021 y 2023, con un récord de 1.481 casos reportados en el último año. Este aumento sigue en descenso en los casos durante 2020, un año en el que la pandemia de COVID-19 interfirió con la atención sanitaria regular. Sin embargo, el repunte no se debe a un aumento real de la incidencia de la enfermedad, sino a un cambio en la dinámica del diagnóstico y tratamiento.
Manuel Barbero, médico y miembro de la Sociedad Argentina de Hepatología, explica que “el aumento está relacionado con que se informan más los casos diagnosticados. No hubo una suba en la incidencia de casos. Otra razón es que ahora hay más testeos, ya que el sistema de salud sale a buscar a personas que fueron diagnosticadas años pasados, pero que no accedieron aún a los tratamientos que pueden curar la infección hoy”.
Datos regionales y fluctuaciones
El análisis regional de los datos muestra variaciones interesantes. La región de Cuyo, conformada por las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis, ha registrado consistentemente las tasas más altas de hepatitis C en la última década, alcanzando un pico de 4,59 casos por cada 100.000 habitantes en 2019. Similar es el comportamiento en la región Sur, que alcanzó sus tasas más elevadas en 2018, 2022 y 2023.
En contraste, la región Noreste mostró un ligero descenso en las tasas durante 2022 y 2023, siendo la única región del país que experimentó una baja en estos años. Por otro lado, la región Centro, que incluye la Ciudad de Buenos Aires y la provincia de Buenos Aires, siguió la tendencia nacional, con un notable incremento en los casos reportados entre 2022 y 2023.
El análisis del boletín epidemiológico del Ministerio de Salud muestra que el grupo etario de 40 a 59 años es el que presenta las tasas más altas de hepatitis C, con fluctuaciones significativas a lo largo de los años. En contraste, los grupos de 20 a 40 años y mayores de 60 años han mostrado tasas relativamente estables. Además, el 59% de los casos reportados son de sexo masculino, una diferencia que se ha acentuado desde 2016.
Hepatitis C: un asesino silencioso
La hepatitis C es conocida como un “asesino silencioso” debido a que muchas veces la infección no presenta síntomas inmediatos. De hecho, la mayoría de las personas pueden portar el virus durante años sin saberlo, lo que complica su diagnóstico oportuno. Cuando se presentan, los síntomas pueden incluir fiebre, cansancio, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orina oscura y la icónica ictericia, que se manifiesta como una coloración amarillenta de la piel y los ojos.
Si no se trata, la infección puede evolucionar hacia una enfermedad crónica que con el tiempo puede llevar a complicaciones graves como cirrosis, cáncer de hígado y otros problemas de salud. Es por ello que la detección temprana y el tratamiento oportuno son cruciales para prevenir estos desenlaces.
Estrategias de prevención y diagnóstico
A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido ambiciosas metas para reducir las nuevas infecciones de hepatitis C en un 90% y la mortalidad asociada en un 65% para el año 2030. En Argentina, el diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre específicos que detectan la presencia del virus. Se recomienda que todas las personas, a partir de los 18 años, se realicen al menos una vez en la vida la prueba de detección de hepatitis C.
A pesar de los avances en el diagnóstico y tratamiento, actualmente no existe una vacuna disponible para prevenir la infección. Por lo tanto, la prevención se centra en evitar el contacto directo con sangre infectada, no compartir objetos personales y usar preservativos durante las relaciones sexuales.