Me he estado cuestionando qué emociones aparecen después de que un trabajador de la salud atienda una situación difícil, y es muy normal sentir emociones que podrían estar generando una adrenalina bastante grande. Pero cuando esa efervescencia baja y se cierran las puertas del consultorio o la sala de urgencias, suele caerse en una mezcla intensa de sentimientos. Aparece con fuerza la impotencia, esa sensación amarga de haberlo dado todo y no sentirnos suficientes, o que no alcanzaron nuestras manos para cambiar un desenlace diferente.
También, por un sufrimiento ajeno, puede llegar la tristeza, la frustración y con mucha frecuencia la culpa, que es esa voz interna que se pregunta una y otra vez si faltó algo por hacer. Aunque no haya lágrimas de inmediato, sí hay un silencio, un sufrimiento o un vacío que podría estar cargando el profesional de salud. Un agotamiento tan profundo que a veces el cuerpo o el psiquismo pide desconectarse del mundo un momento. Esta encrucijada ética y emocional no es aislada; como señalan Orgambídez y colaboradores (2025), el distrés moral al no poder actuar según los propios valores profesionales guarda una relación directa con el agotamiento emocional en el personal sanitario.
Y es normal quedarnos pensando en lo que ocurrió durante el día. Pasa que ese rol de médico, de psicólogo o personal de salud muchas veces se queda con lo que es su ser. Aunque el uniforme o la bata se quedan en el vestier, la mente continúa maquinando lo que, de pronto, como profesionales hubiéramos podido hacer. Sin embargo, el profesional llega a casa a comer, a seguir con su rutina después del trabajo. Puede intentar jugar con sus hijos o estar con sus familiares, pero su atención sigue anclada en la cama de un paciente o en la mirada de una familia desconsolada.
Este fenómeno de estar atrapado en lo vivido interrumpe el descanso real, puede provocar noches de insomnio, dolor de cabeza, tensión constante en los músculos del cuerpo. A nivel emocional puede generar una sensación de soledad y de impotencia, porque a pesar de que la persona esté físicamente presente con sus familiares, emocionalmente está atrapada en lo que ocurrió unas horas atrás. Revisando la literatura actual sobre burnout en trabajadores de la salud, este desgaste continuo impacta profundamente tanto la salud física como la calidad de vida y el entorno del profesional (Maluleka et al., 2026).
Esta realidad también se refleja en investigaciones desarrolladas en Colombia. Una desarrollada en el Politécnico Grancolombiano, que analizó los factores de riesgo laboral que pueden favorecer el síndrome de burnout en auxiliares de enfermería en una clínica en Neiva. El proyecto puso el foco en condiciones como la sobrecarga laboral, los turnos continuos y los pocos espacios de descanso, que pueden afectar el bienestar emocional y el desempeño del personal sanitario. Este trabajo destaca la importancia de examinar las condiciones laborales para comprender el desgaste de quienes atienden diariamente a pacientes en situaciones críticas (Aguilar López et al., 2023).
Pero más allá de las condiciones laborales, también vale la pena preguntarse por el impacto emocional que supone acompañar el sufrimiento de otros cada día. ¿Cómo puede afectar emocionalmente atender de forma permanente a personas que están atravesando situaciones difíciles? Y es que algo importante para esa situación es que todo el personal de salud debe tener empatía. La empatía es la mejor herramienta a nivel clínico, pero también es el tejido que más rápido se desgasta. Estar expuesto diariamente al dolor, a la incertidumbre y a las malas noticias puede generar fatiga por compasión. Llega un punto en que el corazón, para protegerse de tanto dolor o de esas emociones fuertes, intenta blindarse.
Esto puede manifestarse de dos maneras opuestas: a través de un anestésico emocional, donde la persona siente que se está volviendo fría o insensible; o mediante un desbordamiento constante, en el que cualquier pequeña dificultad en el trabajo puede generar llanto, ira, irritabilidad, o un desgano absoluto hacia la profesión. De hecho, investigaciones sobre la fatiga por compasión revelan que esta actúa como un mediador crítico entre el agotamiento y la capacidad de brindar un cuidado humanizado (Aydın et al., 2026; Zhai et al., 2025). Cuando el profesional se satura, mantener la sensibilidad hacia el paciente se convierte en una tarea cuesta arriba.
Entonces así, una jornada difícil deja de ser algo puntual y empieza a convertirse en una carga emocional… pesa hasta en el fin de semana, en las vacaciones o en una jornada de descanso. La señal de alerta se enciende precisamente cuando el agotamiento deja de ser físico y se convierte en una pesadez emocional o existencial.
Por ejemplo, cuando se empieza a tratar a los pacientes como un simple número para no involucrarse, o cuándo se pierde el sentido de por qué se eligió esa carrera. Si la sensación de agobio se vuelve el estado natural de toda la semana, ya no estamos únicamente ante un turno complejo, sino ante una acumulación de muchas situaciones que están pasando factura en la salud mental del personal. Estudios recientes confirman que la resiliencia psicológica y el cuidado humanizado disminuyen significativamente cuando la fatiga por compasión no se atiende a tiempo (Zhai et al., 2025).
Cuando un profesional de la salud siente que le cuesta dejar atrás lo vivido durante su jornada, me parece crucial romper el silencio y desahogarse. Es muy importante que el personal también tenga unos momentos de catarsis, con un desahogo sano o hablado en su familia, compañeros o pareja. Guardarse el impacto, la emoción de un caso difícil bajo la creencia de que “soy un profesional que debe aguantar todo y por eso estudié esta carrera”, sólo ayudará a agravar la herida. Hablarlo con un compañero que entiende le contexto ayuda a procesar la experiencia en equipo.
También es muy útil establecer pequeños rituales de transición entre el trabajo y la vida personal, como ducharse a conciencia al llegar a casa, dar un paseo breve, cambiarse de ropa para marcar mentalmente que el turno ya terminó. Porque cuidar de otros exige cuidar de uno mismo. Buscar apoyo terapéutico en la medida que se requiera. Y sí, el apoyo psicológico no es un signo de debilidad profesional, sino un acto de responsabilidad y autocuidado necesaria para seguir viviendo y ejerciendo con salud mental.
Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a su autor y no comprometen la línea editorial de CONSULTORSALUD.
Referencias:
- Aguilar López, E. V., Huerfano, L. J., Gomez Zamora, L. H., & López Sánchez, S. V. (2023). Factores de riesgo laboral que pueden fomentar el síndrome de burnout en auxiliares de enfermería en el área de urgencias de la Medilaser en Neiva-Huila [Proyecto de práctica II – Investigación aplicada, Institución Universitaria Politécnico Grancolombiano].
- Aydın, G. Ö., Aksu, H., Turan, N., & Toğluk Yiğitoğlu, E. (2026). The relationship between compassionate love, burnout levels and caring behaviors of intensive care nurses: The mediating role of compassion fatigue. BMC Nursing, 25, 463. https://doi.org/10.1186/s12912-026-04610-2
- Maluleka, M. M., Bulo, F. N., Nair, A., & von Pressentin, K. B. (2026). Burnout in healthcare professionals. South African Family Practice, 68(1), Article a6235. https://doi.org/10.4102/safp.v68i1.6235
- Orgambídez, A., Borrego, Y., Alcalde, F. J., & Durán, A. (2025). Moral distress and emotional exhaustion in healthcare professionals: A systematic review and meta-analysis. Healthcare, 13(4), 393. https://doi.org/10.3390/healthcare13040393
- Zhai, X., et al. (2025). Compassion fatigue, psychological resilience, moral sensitivity, and humanistic caring ability in clinical nurses: A structural equation model.


