La simplicidad de la ironía: combinación de inmunoterapias en cáncer de pulmón
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La simplicidad de la ironía: combinación de inmunoterapias en cáncer de pulmón

FDA otorgó una revisión prioritaria para el licenciamiento de la combinación Ipilimumab/Nivolumab en cáncer de pulmón.

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La simplicidad de la ironía combinación de inmunoterapias en cáncer de pulmón

Recientemente la FDA (Federal Drug Administration, US) otorgó una revisión prioritaria para el licenciamiento de la combinación Ipilimumab/Nivolumab (Ipi/Nivo) en cáncer de pulmón de células no pequeñas recurrente o metastásico carente de alteraciones genómicas en EGFR y ALK. Esta solicitud se hizo con base en los datos de la parte uno del experimento clínico CheckMate-227, un estudio fase III que evaluó la combinación descrita versus quimioterapia en sujetos sin tratamiento previo.

La información presentada durante el congreso SITC 2020 (Society for Immunotherapy of Cancer) demostró que el régimen Ipi/Nivo generó una supervivencia global (SG) de 17.2 meses versus 14.9 meses para el grupo control en aquellos pacientes con expresión de PD-L1 ≥1% (HR 0.79, IC 97.72% 0.65-0.96; P= 0.007). De igual forma, la combinación Ipi/Nivo tuvo una supervivencia anual del 40% en comparación con 33% para la quimioterapia convencional.

Entre los casos con expresión de PD-L1 ≥50%, la SG en el grupo de inmunoterapia en combinación, entre quienes recibieron Nivo solo y quimioterapia fue de 31.2, 18.1 y 14 meses, respectivamente. Así mismo, la mediana de duración de la respuesta (DR) en estos brazos fue 21.8, 17.5 y 5.8 meses, correspondientemente. La tasa de respuesta global (TRG) también fue favorable para el grupo tratado con Ipi/Nivo (35%), incluyendo respuestas completas (RC) en el 5.8% de los pacientes y parciales (RP) en el 30.1%. Para la monoterapia con Nivolumab la TRG fue 27.5% (RC 3% y RP 24.5%).

Finalmente, la quimioterapia convencional tuvo una TRG del 30% (RC 1.8% y RP 28.2%). En términos de seguridad, los eventos adversos relacionados con el tratamiento ocurrieron con menor frecuencia en quienes recibieron inmunoterapia, sin embargo, la combinación de esta generó un mayor número de interrupciones en el tratamiento (18% para la combinación Ipi/Nivo, 12% para Nivo y 9% para la quimioterapia).

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Durante los últimos tres años hemos obtenido información divergente de los estudios CheckMate-012, 568, 817 y 227, demostrando una supervivencia libre de progresión (SLP) para pacientes expuestos a la combinación Ipi/Nivo que osciló entre los 7.2 y 17.1 meses. A pesar de los resultados descritos recientemente para el estudio CheckMate-227, persiste la controversia alrededor de su diseño adaptativo, por la revaloración dinámica de los desenlaces primarios, el ajuste del tamaño muestral, el uso del TMB (Tumor Mutation Burden) como biomarcador potencial no armonizado, y la selección final del PD-L1 como predictor para la selección de la población blanco, particularmente para los sujetos con un resultado positivo (especialmente cuando no hubo eficacia para aquellos con un nivel de expresión de PD-L1 entre 1-49%).

Este experimento aleatorizó 1.739 pacientes no seleccionados de acuerdo con la expresión de PD-L1; no obstante, el 68% de los pacientes asignados al azar (N = 1.189) tenían tumores con expresión positiva (usando el monoclonal 28-8 Dako). Tempranamente, y según los datos emergentes del estudio CheckMate-568 con respecto a la correlación entre el TMB alto y la eficacia,  se modificó el protocolo del CheckMate-227, y la SLP (evaluada mediante una revisión central independiente y cegada) estratificada por el subtipo histológico del tumor en pacientes con TMB ≥10 Mut/Mb (por el ensayo FoundationOne-CDx) independientemente de la expresión de PD-L1 se agregó como desenlace final coprimario. El otro desenlace coprimario seleccionado fue la SG según la expresión de PD-L1.

De los 1.739 pacientes incluidos en el ensayo clínico, solo 1.004 (58%) tuvieron resultados válidos para evaluar el TMB. De ellos, el 44% tuvo un TMB alto (24% de la población con intención de tratar), y solo 299 fueron seleccionados para evaluar la SLP. Además, no se permitió el entrecruzamiento entre los grupos (cross over), pero ≈30% de los pacientes asignados al brazo de quimioterapia recibió inmunoterapia posteriormente.

La combinación Ipi/Nivo en la población con TMB alto se asoció con una mayor SLP (7,2 frente a 5,5 meses; HR 0.58, IC97,5%, 0,41 a 0,81; P<0,001) y un aumento en la TRG (45% versus 27%) en comparación con la quimioterapia. El beneficio en la SLP fue para todos los subgrupos de TMB-alto independientemente de la expresión de PD-L1 [≥1% HR: 0.62 (IC 95% 0.44-0.88) o <1% HR 0.48 (IC 95% 0.27-0.85)]; sin embargo, inicialmente no se informó el porcentaje de pacientes con tumores que tuvieron un PD-L1 ≥50%, no hubo una influencia significativa para la histología escamosa (HR 0.63  IC 95%, [0.39–1.04]), entre las mujeres (HR 0.70 IC 95% [0.41–1.20]) y según el estado funcional basal  (PS 0, HR 0.62; IC 95% [0,38–1,02]; PS 1, HR 0.55; IC 95% [0,38–0,80]). También vale la pena resaltar que las curvas para la SLP se cruzaron durante los primeros cuatro meses del tratamiento, sugiriendo que un segmento de los pacientes con TMB alto tiene riesgo de hiperprogresión.

El corte de los datos para el CheckMate-227 reportado en 2018 mostró que el HR para la SG en los expuestos a Ipi/Nivo versus la quimioterapia en presencia de un TMB ≥10 Mut/Mb fue 0,77 (IC 95% 0,56-1,06) con una mediana de 23.3 meses versus 16.7 meses, respectivamente. De forma similar, el HR que comparó el mismo desenlace en quienes tuvieron un TMB <10 Mut/Mb fue 0.78 (IC 95% 0,61-1,00), no significativo y comparable a la contraparte de TMB alto, hallazgo que sugirió un valor pronósticopara el marcador en lugar de predictivo. Sobre la base de la falta de beneficio estadístico usando este sistema operativo para estratificar a la población con beneficio, se retiró la solicitud de aprobación regulatoria.

Posterior a la obtención de los resultado de los estudios Keynote-189 y 407, el CheckMate-227 tuvo una nuevo escalón para el análisis de la información (incluyendo el 32% de la población inicial) entre la combinación Ipi/Nivo (N = 187) versus Nivo más quimioterapia (N = 177) o a quimioterapia sola (N = 186). De este corte se encontró que los pacientes con TMB ≥10 Mut/Mb y expresión de PD-L1 <1% tuvieron una SLP más prolongada con Nivo en combinación con quimioterapia (6.2 meses frente a 5.3 meses, HR 0.56, IC 95% 0.35-0.91) o ipilimumab (7.7 meses frente a 5.3 meses, HR 0.48; IC 95% 0,27- 0,85) en comparación con la quimioterapia sola.

La TRG también fue mayor (61% frente a 37% y 21%, respectivamente). Por el contrario, en el subconjunto de pacientes con TMB <10 Mut/Mb y PD-L1 <1%, la adición de nivolumab a la quimioterapia o al ipilimumab no pareció tener ningún beneficio sobre la SLP en comparación con la quimioterapia sola (HR 0.87, 95% IC 0.57-1.33 para nivolumab más quimioterapia y HR 1.17, IC 95% 0.76-1.81 para combinación Ipi/Nivo).

Otros estudios en curso que están evaluando el papel de la combinación Ipi/Nivo con o sin quimioterapia son el CheckMate-877 (fase IIIB/IV) con múltiples cohortes (NCT02869789), y el recientemente presentado CheckMate-9LA (NCT03215706). Por otra parte, el estudio CheckMate-817 está valorando la eficacia de la dosis flat de nivolumab (240 mg cada 15/día) más ipilimumab (1 mg/kg c/6 semanas) hasta la progresión en pacientes con carcinoma de pulmón sin importar el nivel de expresión del PD-L1 (brazo A). El mismo experimento está valorando la combinación descrita en poblaciones especiales (cohorte A1, pacientes con VIH, pacientes con metástasis cerebrales y sujetos con insuficiencia renal o hepática) y en aquellos previamente tratados con una línea usando platino (cohorte B). En el mismo sentido, la cohorte C valorará la eficacia de la combinación Ipi/Nivo en pacientes con tumores que presentan TMB alto (≥10 Mut/Mb) sin considerar la expresión de PD-L1.

Por el momento solo se han informado datos preliminares de la cohorte A, que incluyó 391 pacientes sin tratamiento previo, la mayoría fumadores (91%) con adenocarcinomas (72%). La expresión de PD-L1 ≥1% se informó en el 49%, incluidos un 18% con expresión de PD-L1 ≥50%. El TMB evaluado uniformemente por FoundationOne CDx (39% de los pacientes/N = 151) resultó alto en el 48% de los casos. El 32% de los pacientes tuvo eventos adversos mayores que grado 3, la mediana de SLP fue de 6 meses y la TRG fue del 35%, datos similares a los informados en el estudio CheckMate-227. La evaluación de eficacia discriminada por el nivel de expresión de PD-L1 demostró una mejor TRG y SLP cuando el nivel fue ≥1% frente a los tumores negativos (41% versus 28% y 8.1 versus 5.3 meses, respectivamente), así como en TMB alto versus bajo tumores (54% frente a 29% y 10,9 frente a 4,2 meses).

De cara al próximo congreso ASCO 2020 (American Association of Clinical Oncology) ya se conocen los resultados del estudio MYSTIC que valoró la efectividad de la combinación de Durvalumab/Tremelimumab (Durva/Treme) en pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas metastásico. En este, un análisis exploratorio que valoró la supervivencia de acuerdo con los niveles de TMB (≥16 Mut/Mb) en ctDNA encontró que su elevación se correlacionó con una SG de 16.5 meses con la combinación Durva/Treme versus 10.5 meses para la quimioterapia (HR 0.62, IC 95% 0.45-0.86). La SG a 2 años en la población con alto bTMB fue del 39% con la combinación, del 30% con durvalumab monoterapia y del 18% con quimioterapia, datos equiparables al CheckMate-227.

Hace pocos días se liberaron los resultados del estudio CheckMate-9LA que comparó la efectividad de Nivo (360 mg c/3 semanas) más Ipi (1 mg/kg c/6 semanas) más 2 ciclos de quimioterapia (N = 361) versus 4 ciclos de quimioterapia (N = 358) estratificando la población por el nivel de expresión de PD-L1, el sexo y la histología (escamosa versus adenocarcinoma). Aquellos en el brazo de quimio más Ipi/Nivo recibieron la inmunoterapia hasta la progresión, al presentar toxicidad inaceptable o por 2 años. El triplete prolongó significativamente la SG (HR 0.69, IC 96,71% 0.55-0.87; P = 0.0006), alcanzando una mediana de 15.6 meses versus 10.9 meses para la quimioterapia. La tasa de SG a 1 año para la combinación de quimio-inmunoterapia y quimioterapia fueron del 63 y 47%, respectivamente. Con una mediana de seguimiento limitada (inferior a los dos años), los desenlaces primarios y la toxicidad (47% G3-4 para el triplete) parecen proyectarse de forma similar a los descritos para el CheckMate-227 y 817.

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Con la información a la mesa, ¿está nuestra práctica oncológica lista para usar la combinación Ipi/Nivo o Ipi/Nivo/quimioterapia como alternativas a la primera línea de tratamiento que contempla los regímenes de los estudios Keynote-189 y 407, y del IMPOWER-150? a partir de la evidencia cabe mencionar que la reducción del riesgo de muerte derivada de los estudios CheckMate-227, CheckMate-9LA, Keynote-189, Keynote-407, y del IMPOWER-150 fueron: 21, 31, 44, 36, y 21%, respectivamente. Dado que la actualización del estudio Keynote-189 incluye una mediana de seguimiento de 23.1 meses, periodo tras el cual la SG para la combinación de Carboplatino/Pemetrexed/Pembrolizumab fue de 22 meses (19.5-25.2 meses) y la SLP fue de 9 meses (8.1-9.9 meses), ambos independientes de la expresión de PD-L1 o la presencia de metástasis hepáticas y cerebrales, queda pendiente definir cuál es el segmento para el combo Ipi/Nivo con o sin quimioterapia. Muchos creímos que serían aquellos pacientes con PD-L1 ˂1% con TMB alto, pero la FDA no lo consideró así, en contraposición se inclinó por aquellos con expresión positiva de PD-L1 sabiendo que aquellos que tuvieron niveles entre 1-49% no presentaron beneficio para la SG (HR 0.94, 15.1 meses para ambos el combo de inmunoterapia versus quimioterapia). Ahora bien, la toxicidad >G3 en el estudio Keynote-189 fue 71.9% versus 33% para el CheckMate-227, sin mayor variación en la tasa de descontinuación por efectos adversos (11.9 y 12%, respectivamente).

Considerando la importancia de la relación riesgo/beneficio, le doy mayor credibilidad a la combinación Ipi/Nivo del estudio CheckMate-227, creyendo en su utilidad potencial para pacientes con PD-L1 ≥50%, para aquellos con PD-L1 ˂1%/TMB ≥10 Mut/Mb, y en poblaciones especiales (ancianos con exposición al tabaco y comorbilidad múltiple). Todo esto depende del tiempo, y podría cambiar si la combinación Ipi/Nivo ± quimioterapia mejora la cola de la curva de SG, aumentando el número de supervivientes a largo plazo. La simplicidad de la ironía…

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Reflexiones sobre el Nihilismo Médico – Parte 2

Compartimos la segunda parte de Reflexiones sobre el Nihilismo Médico, una columna del Dr. Luis Eduardo Pino Villarreal MD. MSc. MBA

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Reflexiones sobre el Nihilismo Médico - Parte 2

La intersección entre los conceptos de hecho y valor se encuentra en el mismo terreno de lo objetivo y subjetivo. La medicina es un arte tecnológico que involucra a los dos componentes, sin embargo, los médicos intentamos “blindar” el componente subjetivo mediante lo que entendemos como ciencia, la cual pretende apartar al ejercicio clínico de la arbitrariedad y el empirismo.

Bajo esa falsa dicotomía analítica del mundo en el cómo es(el hecho, “la verdad”) y en el cómo debería ser (el valor) se piensa que los médicos debemos asumir las decisiones sobre inverosímiles factibilidades de suma cero. Eso no es verdad. Los médicos debemos integrar elementos epistémicos que nos orienten respecto al componente objetivo, es decir, no es responsabilidad del médico que la molesta “evidencia” sea altamente falible y engañosa, sino la de interpretarla y tomar decisiones sin el análisis de contexto de la misma.

Con esto no me refiero a aquel reduccionista capítulo llamado análisis crítico de la literatura, ya que la significancia estadística actual hace parte de la misma objetividad que estamos criticando, me refiero a la inclusión de otras perspectivas en las decisiones que se toman y ejecutan, incluyendo sin duda alguna la del paciente, aquel individuo al que frecuentemente marginamos de las responsabilidades, aquel ser al que volvemos sujeto pasivo y no activo en este coctel de incertidumbres.

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Hemos navegado en las aguas de las metodologías frecuentistas en medicina cuando somos un escenario bayesiano. Las agencias regulatorias por otro lado toman decisiones con desenlaces mediocres como tasas de respuesta o sobrevida libre de progresión (en oncología) derivados de una metodología clásica, cuyos aportes distan mucho de ser una promesa cumplida en la vida real.

En medio de semejante tormenta, quienes tomamos las decisiones finales solo vemos una parte del panorama y al final del día entramos en la postura mecanicista de la formulación basada en la aprobación, con muy poco tiempo para evaluar nuestros resultados a largo plazo ya que tras cada recaída asumimos una nueva línea de terapia hasta que llega el final o hasta que el paciente es derivado a otra clínica.

Debemos encontrar catalizadores de esta situación en elementos de la filosofía pragmática. Exploremos los conceptos de falibilismo y antiescepticismo sin temor, entendamos que nuestra práctica dista de ser la verdad y que en muchos casos lo que hacemos es resolver necesidades subjetivas más que transformar escenarios de la más alta complejidad biopsicosocial. Fuimos nosotros quienes nos dejamos transferir elementos mágicos después de las pandemias medievales y estamos lejos de tenerlos.

Las nuevas capacidades del médico del siglo XXI incluyen la lectura del contexto, la comunicación asertiva, la inteligencia colaborativa y la creatividad; estas son claves no solo para analizar el elemento fáctico, sino para integrar el mecanismo holístico de la enfermedad en nuestras decisiones, para asumir nuestros “fracasos” con dignidad y especialmente para educar a nuestros pacientes en que lo que parecen verdades categóricas no existen pero en que sí podemos transitar con ellos las ventiscas de la incertidumbre que algunos pretenden llamar salud.

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Reflexiones sobre el nihilismo médico – Parte 1

Compartimos esta columna del Dr. Luis Eduardo Pino en la que reflexiona sobre el accionar del médico, la confiabilidad en la evidencia, entre otros.

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Reflexiones sobre el nihilismo médico - Parte 1

“Al final, el hombre se atreve a una crítica de los valores en general; no reconoce su origen; conoce bastante como para no creer más en ningún valor; he aquí el pathos, el nuevo escalofrío…la que cuento es la historia de los siguientes dos siglos” Nietzche, 1888: XIII: 56 – 57

“La medicina ha progresado tanto que ya no queda casi nadie sano en el mundo” . Aldous Huxley

El mundo, especialmente el pandémico se ha acostumbrado a vivir en incertidumbre. Esa atmósfera es la misma en que usualmente vivimos los médicos, algunos sin saberlo siquiera.

Los resultados clínicos de la medicina antigua, pocas veces escritos, distan mucho sin duda de los logros alcanzados por la medicina moderna. El más publicitado de todos es el increíble aumento en la expectativa de vida logrado en el último siglo, desenlace vinculado especialmente a los desarrollos de la medicina. Hipócrates, Ibn Sina o Galeno jamás imaginaron conocer personas mayores a cien años con buenas condiciones de salud. Falta mucho sin duda, pero está bien persistir en la defensa de lo imperfecto.

En el año 2005 el médico John Ioaniddis publicó en la revista Plos Medicine su icónico artículo “Why Most Published Research Findings Are False” (doi:10.1371/journal.pmed.0020124), un clásico de la metaciencia que puso en tela de juicio muchos de los hallazgos de investigación médica que posteriormente se convertían en estándares de tratamiento. Después de él, varios autores médicos han incursionado en este mismo terreno, con una visión más epidemiológica que metacientífica: Spence (2014), Goldcrage y Heneghan (2015), Cifu y Prasad (2015) y Stegenga (2018).

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Con algunas diferencias teóricas y metodológicas en general estos autores centran sus conceptos en la limitada evidencia que guía a muchas de las decisiones médicas y que por tanto pueden generar ineficiencias y desperdicios técnicos con alto impacto para los servicios de salud. Stegenga de hecho es quien acuña el término de nihilismo médico como la postura de desconfianza ante la eficacia de las intervenciones médicas como un todo. Como era de esperarse el concepto ha generado controversias de todo tipo, incluyendo también a muchos defensores de dicha teoría.

En campos específicos como oncología, Vinay Prasad publicó recientemente el libro “Malignant, how bad policy and bad evidence harm”. El autor trata temas como ineficiencias clínicas, beneficios marginales de diferentes intervenciones médicas y los múltiples conflictos de interés del mundo del cáncer. Coincido con el en muchos conceptos, pero difiero en otros tantos.

Como hemos visto, un eje central de esta postura se refiere a una palabra que personalmente detesto, la evidencia. Es claro que la famosa medicina basada en la evidencia (MBE) pretendía ser un método, más enfocado en la educación médica que en la toma de decisiones en la vida real. Con esta deformación de un método los médicos perdimos gradualmente la humildad que trae la falibilidad y la incertidumbre.

Considerar a la evidencia como algo cercano a la verdad es pretencioso e irreal debido a la subjetividad propia del observador y a la inexactitud de los instrumentos con que medimos y analizamos. Se ha visto tan insuficiente la MBE que algunos ya hablan de una MBE plus, la cual pretende involucrar una visión holística desde la biología y las ciencias sociales para estudiar las enfermedades desde sus mecanismos más profundos.

Dado que los extremos como siempre son perjudiciales, la aparición de una postura nihilista en medicina puede generar turbulentas corrientes de desconfianza y desesperación entre quienes son los ejecutores y los receptores de las intervenciones médicas, pero también en los sistemas de salud y en los aseguradores que pagan por las mismas.

Tengo claridad respecto a que la medicina es una ciencia de incertidumbre y que la conciliación técnica de las demandas y necesidades en salud puede ser tan amplia como bueno sea el profesional, que además generamos ineficiencias y desperdicios abundantes bajo el escudo de los principios éticos, pero de ahí a que el nihilismo sea la teoría de la medicina del siglo XXI hay mucho trecho. Como bien lo escribe Upshur y Goldenberg (2020) debemos reconectar la teoría de los hechos y el valor en medicina. Eso es lo que intentaré en la segunda parte de este escrito.

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¿Hasta cuándo la tortura innecesaria de los UNIRS?

“Es hora de desechar los trámites superfluos para los UNIRS de medicamentos de uso rutinario, y con indicación no controvertida, en oncología”

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¿Hasta cuándo la tortura innecesaria de los UNIRS

Es hora de desechar los trámites superfluos para los UNIRS de medicamentos de uso rutinario, y con indicación no controvertida, en oncología.

Es hora de quitar la tramitología inútil que hay detrás de la prescripción de algunos medicamentos oncológicos con indicación clara, así dicha indicación no esté especificada en el registro sanitario.

Contexto

En la era del POS (Plan Obligatorio de Salud), existía un listado de medicamentos que se podía utilizar, sin dar explicaciones. Allí se incluían todos esos medicamentos de tecnología antigua, y barata. Se incluían allí citostáticos como cisplatino, carboplatino, y paclitaxel que obtuvieron sus registros INVIMA con algunas indicaciones específicas, pero se podían utilizar con toda libertad en otras indicaciones dentro de la oncología. Al perder la patente, la marca original (el innovador) sale del mercado colombiano, al ser expulsada por genéricos y copias. Los nuevos distribuidores no tienen ningún interés en complicarse con la actualización de los registros sanitarios, y el registro sanitario no se actualiza para incluir las nuevas indicaciones a medida que se obtenía la evidencia pertinente.

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Poco a poco, las cosas fueron evolucionando, y hoy el uso de un medicamento en una indicación debe estar sustentado en su registro sanitario. Pero, como se acaba de explicar, muchos de estos medicamentos no tienen “doliente”. Para efectos prácticos, esos medicamentos quedan con el registro sanitario con las indicaciones iniciales, sin las expansiones a otras indicaciones que poco a poco fueron encontradas en diferentes estudios clínicos. Llegó un momento crítico, hace algún tiempo, en que las patologías comunes en oncología no podían recibir sino medicamentos innovadores – esos sí, con registros sanitarios actualizados – pero no muchos de los medicamentos también eficaces que no tenían la actualización de la indicación en su registro sanitario. Para dar una resolución al problema, se crearon las indicaciones UNIRS.

Es decir, una estrategia para poder utilizar medicamentos en oncología, con indicación médica, pese a no contar con el registro sanitario. Mediante esta estrategia, cada instancia de uso requiere de presentación en la junta multidisciplinaria, para que después se pueda generar el trámite necesario para obtener la autorización. La verdad, esta solución ha sido de gran ayuda, a través del tiempo. Sin embargo, creo que es el momento de ir un paso adelante. La presentación en la junta multidisciplinaria es un formalismo, pues nunca se va a considerar no pertinente, porque precisamente – ese es el punto – el uso de estos medicamentos es pertinente desde el punto de vista médico, mas no en el papel. Es una pseudo-presentación en la junta, que la envilece. Nuestro tiempo no debe ser dilapidado en tramitología inútil. Voy a tratar de dar una idea cuantitativa, antes de hacer una propuesta específica.

Propuesta

En la casuística de la institución donde yo laboro, de 100 casos presentados para autorización de algo que todos sabemos que está indicado, sólo para satisfacer el trámite, nos encontramos que 43 incluyen paclitaxel (esófago, estómago, cérvix, endometrio); 23, oxaliplatino (estómago, vesícula, vía biliar); 18, gemcitabina (vesícula, vía biliar); 11, cisplatino (esófago, estómago, vesícula, vía biliar); 8, capecitabina (vesícula y vía biliar); y 6, carboplatino (esófago, endometrio). Es decir, 6 medicamentos con múltiples indicaciones – santificadas por la evidencia – constituyen el 99% de las presentaciones innecesarias a la junta, para satisfacer un requisito de papel.

Esa tramitología debe ser eliminada, pues no cumple ninguna función, y si genera desgaste administrativo. Ahora mi propuesta específica: propongo que se permita el uso liberal en oncología, basado en la evidencia, de las siguientes drogas: paclitaxel, oxaliplatino, gemcitabina, cisplatino, capecitabina, y carboplatino. Y que el uso de estas no requiera de la presentación en junta multidisciplinaria, aún en instancias en las que su uso no esté amparado por su registro sanitario. Me imagino que hay retos de papel que hay que sortear para que una solicitud puntual, simple, como esta no se pueda satisfacer. Pero no debemos permitir que el papel le gane a la ciencia. ¿O sí?

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