La inmunoterapia intratumoral ha vuelto a posicionarse en el centro del debate científico tras la reciente aprobación por parte de la FDA de vusolimogene oderparepvec (Tudriqev, Replimune), el segundo tratamiento inmunoterapéutico autorizado específicamente para uso intratumoral. Esta aprobación, en combinación con nivolumab, está indicada para pacientes con melanoma avanzado que han experimentado progresión tras recibir un régimen con anti-PD-1. A pesar del entusiasmo renovado, la decisión ha evidenciado las complejidades y retos que caracterizan a la inmunoterapia intratumoral, tanto en eficacia clínica como en la evaluación de resultados.
Evolución reciente de la inmunoterapia intratumoral
La aprobación de vusolimogene oderparepvec marca un nuevo hito en la inmunoterapia intratumoral, área que durante años estuvo en los márgenes de la investigación clínica. El aval por parte de la FDA llegó después de dos rechazos previos, en julio de 2025 y abril de 2026, debido a la insuficiencia de evidencia sobre la efectividad de la intervención basada en resultados del estudio IGNYTE, un ensayo de brazo único. Finalmente, un panel asesor de la FDA votó 10-3 a favor de la eficacia clínica de la combinación.
No obstante, surgieron debates importantes durante el panel, pues la tasa de respuesta objetiva reportada por la farmacéutica fue de 33,6 %, mientras que las cifras oficiales de la FDA fueron inferiores, determinando una tasa del 24,2 % como la referencia oficial para la aprobación. Además, los expertos señalaron que el ensayo no permite discriminar con claridad cuánto de la respuesta terapéutica corresponde al fármaco intratumoral y cuánto al uso de nivolumab sistémico.
Retos en la evaluación de la respuesta terapéutica
Uno de los principales desafíos en la inmunoterapia intratumoral es la medición de la respuesta. Las terapias inmunológicas pueden provocar pseudoprogresión, es decir, un aumento temporal del tamaño tumoral antes de una posible reducción. Además, dado que no todas las lesiones se inyectan, los investigadores deben definir cómo evaluar adecuada y comparativamente las respuestas en las lesiones no tratadas directamente.
Bishal Gyawali, oncólogo médico y profesor en Queen’s University, remarcó que la evidencia convincente de eficacia debería reflejar no solo la reducción de la lesión tratada, sino también efectos sistémicos en otras lesiones. Actualmente, la capacidad de la inmunoterapia intratumoral para desencadenar respuestas sistémicas claras sigue siendo motivo de debate científico.
La trayectoria de la inmunoterapia intratumoral en oncología
El uso de fármacos administrados directamente en tumores sólidos no es una estrategia nueva. El primer tratamiento aprobado por la FDA fue T-VEC (talimogene laherparepvec), un virus oncolítico derivado de herpes simplex tipo 1, en 2015. Este logro se basó en un ensayo fase 3 en el que se demostró una tasa de respuesta global mayor que con factor estimulante de colonias subcutáneo (26,4 % vs 5,7 %) y una diferencia numérica en la supervivencia global (23,3 meses vs 18,9 meses; P = 0,051) en pacientes con melanoma irresecable estadio IIIB-IV.
Desde entonces, la inmunoterapia intratumoral se ha expandido en la investigación clínica. Un análisis de 2024 identificó al menos 175 ensayos activos o planeados con esta estrategia en diversos tipos tumorales distintos al melanoma. Estos estudios exploran desde virus oncolíticos, vacunas, moduladores de puntos de control inmunitarios, hasta otras moléculas diseñadas para estimular la respuesta inmune antitumoral.
Resultados dispares y retos pendientes en los estudios clínicos
A pesar del interés, varios ensayos de fase 3 de alto perfil han informado resultados negativos, afectando el entusiasmo industrial. Un ejemplo representativo es el estudio MASTERKEY-265, que evaluó T-VEC con pembrolizumab en pacientes con melanoma irresecable estadio IIIB-IVM1c. Mientras una fase 1b previa había reportado una tasa de respuesta objetiva del 62 % en 21 pacientes, el ensayo fase 3, con 692 participantes, no evidenció mejoras significativas en progresión libre o supervivencia global versus pembrolizumab solo.
No obstante, algunos resultados recientes han sido alentadores. En 2025, un ensayo fase 3 en melanoma estadio III demostró que la inmunoterapia intratumoral neoadyuvante con daromun prolongó la supervivencia libre de recurrencia (16,7 vs 6,8 meses) y redujo en 40 % el riesgo de recurrencia a distancia, en comparación con cirugía de entrada. Sin embargo, gran parte del cuerpo de evidencia existente proviene de estudios de concepto o seguridad en fases tempranas y los resultados en grandes poblaciones siguen considerándose “insuficientes” para una afirmación concluyente, según Jason Luke, director médico de Strand Therapeutics.
Investigación más allá del melanoma y avances técnicos recientes
Fuera del melanoma, la evidencia sobre la eficacia de la inmunoterapia intratumoral es aún más inconsistente. Por ejemplo, un ensayo fase 1/2 con el virus oncolítico DNX-2401 en glioblastoma recurrente, seguido de pembrolizumab, no alcanzó su objetivo primario (tasa de respuesta objetiva del 10,4 %, no significativamente mayor al 5 % esperado). Sin embargo, la supervivencia general a 12 meses fue del 52,7 %, superior al 20 % de referencia histórica, destacando la presencia de pacientes con respuestas duraderas.
Otros datos preliminares sugieren potencial en diferentes cánceres. Por ejemplo, una fase 1 de la inmunoterapia personalizada SYNC-T en cáncer de próstata resistente a castración metastásico reportó tasas de respuesta objetiva del 87 %, con respuestas completas en 53 % de 15 pacientes. Sin embargo, estos resultados requieren confirmación en ensayos de mayor tamaño.
¿Qué obstáculos persisten y cómo se enfrenta el futuro de la inmunoterapia intratumoral?
A pesar de la variabilidad de resultados y la cautela industrial ante los ensayos negativos, la inmunoterapia intratumoral mantiene interés de investigadores y empresas tecnológicas. En junio de 2026, expertos reunidos en el primer simposio internacional sobre inmunoterapia intratumoral, organizado por Aurélien Marabelle en el Gustave Roussy Cancer Center, discutieron tanto los avances como los desafíos pendientes. El evento recibió apoyo de la industria, incluyendo compañías como Johnson & Johnson, Boston Scientific y GE HealthCare.
Las discusiones se centraron en la necesidad de estandarizar criterios de medición de respuesta –incluyendo herramientas como iRECIST– y optimizar la administración y el seguimiento mediante imagenología. A pesar de recomendaciones de sociedades científicas para su adopción exploratoria, aún no existe consenso en la evaluación de lesiones no inyectadas.
¿Puede la inmunoterapia intratumoral transformar los resultados clínicos en cáncer?
El interrogante sobre la capacidad real de la inmunoterapia intratumoral para transformar de manera significativa los desenlaces clínicos en oncología continúa abierto. Aunque existe una justificación biológica sólida –mayor concentración local de fármaco y activación inmune local y potencial sistémica–, persiste la necesidad de confirmación en estudios aleatorizados de gran escala y con criterios de valoración robustos.
Tal como señala Jorge A. Garcia, director de la División de Oncología de Tumores Sólidos del University Hospitals Seidman Cancer Center, “creemos que existe la oportunidad de impactar realmente la vida de los pacientes”. Sin embargo, el futuro de esta región de la inmunoterapia dependerá de la consolidación de evidencias que respalden su efectividad global y de la superación de los retos prácticos y metodológicos actuales.